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14 jul 2013

Madre & Madre

 

Sociedad / Clarín Mujer

Madre & Madre:

"Apostamos a que ellos sean lo que quieran ser"

Por : Mariana Perel / Especial para Mujer / f: Gustavo Garello
Silvina Maddaleno (39) y Andrea Majul (45) son pareja y madres de tres chicos. Antes de la Ley de Matrimonio Igualitario, discriminadas, las despidieron de sus trabajos. Aquí, su historia.
Silvina Maddaleno y Andrea Majul, pareja y madres de tres chicos.
 




Silvina Maddaleno (39) y Andrea Majul (45), periodistas y locutoras, son pareja desde hace veinte años. Hubo un tiempo en que, para ellas, la maternidad no figuraba ni en sueños. Los años y el amor alimentaron el deseo de formar una familia. La adopción podría haber sido una posibilidad, aunque difícil, la descartaron. Entonces, eligieron las técnicas de fertilización asistida.

Tiempo de embarazo

Decidir quién se embarazaría fue algo simple, por condiciones de salud, por deseo: Silvina albergó a los trillizos y sonríe a pleno cuando recuerda el tiempo en el que "estuvieron embarazadas"; de la misma manera Andrea se refiere al momento de gestación. Fue, dice, "el resultado natural de un proceso de la pareja. No impuesto por nada ni por nadie". Bien acompañado por familia y amigos, el embarazo alcanzó los seis meses. Silvina dio a luz a Abril, Jazmín y Santiago. Tres meses estuvieron en incubadoras, en la sala de Neonatología del Hospital Italiano.

"La neo fue nuestra primera socialización", recuerda Silvina, "salvo el obstetra, nadie entendía nada. Tuvimos que explicar que éramos dos mamás". Silvina estaba todavía en la sala de partos cuando Andrea bajó a retirar las historias clínicas. Le dieron los papeles, tachó "padre". La empleada la miró intrigada. "Sí, somos dos mamás", explicó. "Justamente el otro día discutía con Cacho, mi marido…", se entusiasmó la empleada hasta que escuchó un "mirá, si querés en unos días charlamos. Ahora dame los papeles, mis hijos están en la cuerda floja". Andrea ríe al recordar las disculpas atolondradas de la mujer.

Despedidas

"Una de mis temores tenía que ver con la sociedad que recibiría a nuestros hijos", sostiene Silvina. "También con los derechos que tendrían, o no". Andrea recuerda que le cayó la ficha cuando una periodista que las entrevistó hace cinco años -acababan de nacer los trillizos- le preguntó si prefería aparecer con un nombre ficticio. "¿Por qué? No cometí ningún crimen", contestó. "Ocultarlo no sincroniza con la decisión de tener una familia", dice Andrea como si estuviera respondiendo de nuevo a la pregunta. Lo cierto es que esa decisión tuvo consecuencias increíbles: cuando se conoció su historia las dos fueron despedidas de sus trabajos. Silvina y Andrea, bautizadas por los trillizos "mami" y "mamu" respectivamente, evitan los pormenores de ese acto discriminatorio acontecido en 2007, cuando se hizo pública su historia, tres años antes de que entrara en vigencia la Ley de Matrimonio Igualitario. "Resignás la privacidad. Cualquier idiota se siente con derecho a opinar sobre tu vida, a insultarte. El costo es alto, pero si te escondés, te perdés de vivir". Afirmado esto, Andrea aclara que tampoco quiere juzgar a quien no se anima, porque admite, "no es fácil".

Finalmente, estas madres pudieron reinsertarse en el mercado laboral. Lo que no quedó atrás es el caudal de explicaciones que dan una y otra vez. "Como cuando salís del clóset. La puerta es giratoria, la estás abriendo siempre", advierte Silvina, quien no se cansa de enumerar anécdotas desopilantes. Por ejemplo, en una de las visitas domiciliarias, el médico preguntó quién iba a ser el padre. Andrea tiene la teoría de que cuando las visita un doctor no tienen que revelarle su situación, porque después lo único que quiere es saber más sobre la familia, y el enfermo no le importa nada.

¿Novio o novia?

La misma sociedad que las cuestiona es la que recibió a los trillizos que van al mismo jardín de infantes desde que tienen un año. Los chicos fueron creciendo, compartiendo con el grupo su cotidianeidad. Una vez, una compañerita le dijo a Abril: "Ahí está tu papá". La pequeña contestó: "Imposible, tengo dos mamás". Abril expresó el enojó con su mami: "Otra más a la que hay que explicarle". Un mes después, en la puerta del jardín, esa compañerita comentó contenta: "¡Qué suerte, hoy vinieron tus dos mamás!" Para Silvina, ahí se advierte el aprendizaje de sus pares. Otro día, en la salita, el juego pasaba por contar quién era novio de quién. Santiago levantó la mano y aseguró que cualquiera puede tener novio o novia. La maestra les contó que se armó tremendo revuelo. "Es así, a ustedes no se le explicaron, a mí sí", les dijo a sus compañeritos.

"Soy lo que soy"

Si bien la sociedad las cuestiona constantemente, las preguntas más insólitas las sorprenden de noche, un ratito antes dormir, cuando el agotamiento es total y los chicos quieren mimosear un poquito más. Santiago desveló a Silvina preguntándole por qué él nació varón y sus hermanas, nenas. Antes de que la madre pudiera contestar, dijo: "¿Es porque al que le toca, le toca, la suerte es loca?". "Algo así, pero un poco más complicado", sugirió la madre. "Bueno, igual cada uno puede ser lo que quiera ser. Vos siempre decís eso". "Me conmovió muchísimo su respuesta", dice Silvina, "que tenga conciencia de que puede ser lo que quiera a los cinco años supera cualquier expectativa".

La respuesta no es casual. Responde a la línea de crianza de dos madres que no imponen un patrón de debilidad a las nenas y otro de fortaleza al varón; ellas remarcan la importancia de ser capaz de cuidar a otro más allá del sexo al que pertenezcan; que pueden jugar a lo que quieran. Que el mundo no se les termina en el azul y el rosa. "A Santi le fascina al fútbol, también bailar; Jazmín adora a las princesas; Abril es punk, lo más parecido a Iggi Pop".

"Sí, quiero"

Silvina y Andrea se casaron cuando los trillizos tenían dos años. Dijeron el "sí, quiero" mientras ellos jugaban debajo de la mesa con los zapatos de la jueza. En sus documentos figuran los dos apellidos: están legalmente amparados por sus dos mamás. Hace poco, Silvina escuchó que su hijo le contaba a un amiguito nuevo que "ahora" se llamaba Santiago Maddaleno Majul. "¿Por qué ahora", preguntó el otro nene. "Porque ahora se puede", le explicó Santiago.

Cuentan las dos madres que para sus hijos casi no hay un antes del matrimonio igualitario, existe desde que tienen conciencia. Cuando alguien se casa, ellos les preguntan, "¿Se casan dos nenas o una nena y un varón?". Esos derechos ganados, confiesa Silvina, son un sueño hecho realidad, inimaginable hace diez años. "En casa hablamos del matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, entre nosotras y con los chicos. La legitimación legal es el comienzo para que familias como las nuestras puedan tener la vida que quieran, ejerciendo los derechos que les corresponden. Nosotras no cumplimos roles estancos. La que está más tiempo es la que tiene que poner más límites y no siempre es la misma. A Andrea le gusta cocinar, pero a veces ella no puede, entonces cocino yo". Y agrega: "Lo interesante es que como no contamos con una tradición de familias comaternales, tuvimos la libertad de armar un modelo propio. Por otro lado, no creo que las funciones estén atadas a los sexos. Quizá sea más tranquilizador pensar que determinados roles vienen por añadidura, pero yo dudo que esto sea así".

Un tsunami de cariño

Atravesados los temores, las alegrías y las mil emociones que les trajo la maternidad, Andrea revela que jamás se le ocurrió pensar en sus hijos para que la cuiden ni para que la completen como ser humano. "Al contrario, antes era una persona completa, ahora me siento dividida. Convivo con temores y emociones múltiples. La maternidad ha resultado ser un tsunami de cariño, de afecto y de preguntas. Tanto que hizo que me cuestionara todo". Finalmente, rescata una conversación de la noche anterior con Jazmín. La nena le dijo que quería ser escritora, bailarina clásica y astronauta. Ella le explicó entonces que ser astronauta era complicado, "pero si vos querés…" Jazmín decidió: "Mejor sigo con la danza clásica". Andrea concluye: "Si hay algo que tenemos en claro es la importancia de que nuestros hijos crezcan sabiendo que pueden ser lo que ellos quieran". Y Silvina, su compañera de toda la vida, completa: "Eso, lo que ellos quieran ser, siempre va a estar bien".


PARA SABER

CENSO. De acuerdo con datos del Censo 2010, en el país hay 24.228 hogares compuestos por parejas del mismo sexo, 4960 de ellos integrados por mujeres a cargo de hijos e hijas. Según Martín Canevaro, presidente de la ONG 100% Diversidad y Derechos, es la primera vez que las parejas del mismo sexo son tenidas en cuenta en el censo: "estas parejas no eran tomadas en cuenta. Como si no existieran."

FAMILIAS COMATERNALES. El Decreto de Necesidad y Urgencia que permite la inscripción de los hijos e hijas de familias comaternales nacidos antes de la Ley de Matrimonio Igualitario vence este mes, aunque se prevée una amnistía. La ONG 100% Diversidad y Derechos tiene onine la información necesaria para acceder a la registración de las dos madres en www.reconocimientoigualitario.blogspot.com.ar

BLOG. Silvina Maddaleno y Andrea Majul escriben el blog www.ellalostrillizosyyo.blogspot.com Data de 2007 y cuenta, hasta hoy, con 400.000 visitas.

18 may 2012

Salita de Cuatro - Interior- Tarde

Foto : Agustín Benencia
www.agustin-benencia.com.ar

"Todos podemos tener novias o novios", comenta Santi en el aula. Se arma revuelo. Todxs hablan a la vez. La maestra observa, pide que hablen de a uno. Santi pide silencio. "El que piensa que no se puede, es porque todavía no se lo explicaron... Yo tengo dos mamàs y a mi me lo explicaron hace mucho".
Me mata de amor y de orgullo

1 feb 2011

Hacia el Reconocimiento Igualitario


Un proyecto para la comaternidad

En el Ministerio del Interior analizan los casos de parejas de mujeres en las que una de ellas tuvo un hijo por fertilización asistida, nacido antes de que se legalizara el matrimonio igualitario. Estiman que hay alrededor de 300 matrimonios en esas condiciones.

Por Mariana Carbajal

Silvina Maddaleno, Andrea Majul y los tres hijos de la pareja.






El Gobierno está analizando cómo regularizar la situación de los hijos de parejas de mujeres, nacidos por fertilización asistida antes de la sanción del matrimonio igualitario. Hoy están inscriptos como hijos de una sola madre, la biológica, registrada como “madre soltera”. La madre no biológica, es decir, aquella que no utilizó la técnica de reproducción, no tiene ningún vínculo legal con sus hijos. “Yo no tengo autoridad para tomar una decisión frente a una emergencia médica, o en cuestiones de educación. Tampoco podrían heredarme ni anotarlos en mi obra social. Y en caso de separación, no me correspondería la obligación de pasarles alimentos o un régimen de visitas”, explicó a este diario Andrea Majul, integrante de la organización 100 % Diversidad y Derechos, casada recientemente, a partir de la nueva ley, con Silvina Maddaleno. Son madres de trillizos de tres años, pero la madre biológica es Maddaleno, y en los papeles Majul no puede figurar. La única solución, por ahora, es realizar una adopción simple de sus propios hijos, pero requiere un proceso judicial o recurrir a los tribunales para que la reconozcan como madre. Para cubrir ese vacío legal, en el Ministerio del Interior están trabajando en la elaboración de una norma, que podría salir por decreto, según pudo saber Página/12.

“Estimamos que hay al menos trescientas familias comaternales en esa situación”, señaló a este diario Florencia Gemetro, de la organización Lesmadres, que nuclea a lesbianas que han sido madres en co-maternidad, a partir de recurrir a una técnica de reproducción asistida, con un donante de semen anónimo o sin voluntad de paternidad. Gemetro y su esposa tienen un hijo nacido antes de la histórica reforma del Código Civil, sancionada el 15 de julio de 2010.

La ley de matrimonio igualitario contempla la inscripción de los hijos de matrimonios entre mujeres en el artículo 36 y establece que debe figurar el nombre y apellido de la madre y su cónyuge. Hasta ahora hubo tres inscripciones, dos en la ciudad de Buenos Aires y una en la localidad bonaerense de Quilmes, recordó Gemetro. Pero la ley –como cualquier otra norma– no es retroactiva, señaló a este diario Martín Canevaro, de 100 % Diversidad y Derechos. “Por esa razón es necesaria una solución que regularice la situación de esas familias”, agregó. El texto, en el que está trabajando el Ministerio del Interior, crearía un régimen excepcional para poder completar con el nombre de la madre no biológica las actas de nacimiento de esos chicos, a través de un trámite administrativo en una oficina del Registro Civil. “Se está trabajando para equiparar los derechos de las madres lesbianas que tuvieron hijos antes de casarse con aquellas que los tienen después de contraer matrimonio”, adelantó una fuente del Ministerio del Interior. El tema está en manos del viceministro del Interior, Marcio Barbosa. Las organizaciones le elevaron su propuesta. La problemática se analizó en el Consejo Federal de Registros Civiles, al que concurrieron representantes de todas las provincias, que tuvo lugar en Mar del Plata en diciembre.

Canevaro explicó que desde 100 % Diversidad y Derechos y Lesmadres vienen estudiando el problema desde agosto, junto con un equipo de especialistas del CELS, asesores de la diputada Vilma Ibarra y la abogada experta en asuntos civiles y de familia, Nelly Minyersky. Las dos entidades no son partidarias de que se recurra a la Justicia para conseguir “verdadera igualdad jurídica”, apuntó Canevaro. “La adopción simple, en términos del derecho, implica la adopción del hijo de la cónyuge, lo que en estos casos, en realidad, plantea la paradoja de tener que adoptar al propio hijo. Además, la adopción simple, como tal, es revocable e implica una menor cantidad de derechos para las y los adoptados, ya que no tendrían los derechos de segunda línea de parentesco con la madre no biológica, lo que implica, por ejemplo, no heredar a los abuelos, además de un proceso judicial invasivo e injustificado para las familias”, opinó Canevaro. En esta línea, están de acuerdo con el dictado de una especie de moratoria para que se pueda inscribir con retroactividad en las partidas de nacimientos a la “otra” madre de los niños y niñas nacidos con anterioridad al casamiento de las dos mujeres. “Sería, después del matrimonio igualitario, la segunda conquista más importante para nuestra comunidad”, enfatizó Canevaro. “Si la madre biológica de estos niños llegara a morir, no perderían una madre, perderían dos, porque la otra, la no biológica, no tendría derechos ni obligaciones sobre los chicos”, ejemplificó. Con un abordaje de la problemática diferente, desde la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans –a la que no pertenecen 100 % Diversidad y Derechos y Lesmadres– están presentando recursos de amparos para que la Justicia sea la que resuelva mientras llegue otra alternativa. De todas formas, María Rachid, vicepresidenta del Inadi y ex titular de la Federación LGBT, considera que el cuadro que enfrentan las parejas de mujeres con hijos nacidos por inseminación artificial antes de la Ley 26.618 “es igual al de una pareja heterosexual que recurre a una técnica de fertilización similar, con un donante anónimo de esperma. Ese padre, que no es padre biológico, se anota como si lo fuera. Con el testimonio de los médicos que digan quién fue la mujer que acompañó a la madre a realizarse el tratamiento, debería ser suficiente”, opinó Rachid.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-161468-2011-01-31.html

"No figuro como la otra madre”

Sub-Nota
Por Mariana Carbajal


Andrea Majul y Silvina Maddaleno se casaron el 18 de octubre, tras 18 años de convivencia. Tres años atrás tuvieron trillizos. “Pero como Silvina llevó el embarazo, quedó anotada como madre soltera, y yo no figuro en ningún papel como la otra madre”, contó a Página/12 Majul. Para la gestación recurrieron a un banco de esperma. Majul podría optar por hacer una adopción simple de los chicos, pero además de lo ridículo que sería adoptar a sus propios hijos, dice, sería resignar un derecho y establecer restricciones para ellos respecto de, por ejemplo, no poder heredar a sus abuelos. Viven en el barrio porteño de Almagro y son una de las tantas familias de lesbianas que sufren las consecuencias del vacío legal que dejó la ley de matrimonio igualitario sobre la situación de los hijos “prematrimoniales” de parejas de mujeres. “No tengo autoridad para tomar una decisión en una emergencia médica o en una terapia intensiva. Para retirarlos del jardín necesito una autorización de Silvina como si yo fuera la abuela o la tía. Me piden disculpas, porque saben que soy la mamá, pero legalmente tienen que cumplir con esa exigencia. Yo estoy en relación de dependencia pero no puedo inscribirlos como hijos míos dentro de la obra social. Son situaciones que tienen que ver con la tranquilidad actual y hacia el futuro. Si llegáramos a divorciarnos, por ejemplo, yo no tendría la obligación de mantenerlos ni el derecho de visitarlos. Tampoco podrían heredarme”, detalló Majul.


22 oct 2010

Sí, acepto. "Las declaro unidas en Matrimonio". Todo llega

Foto: fuentes2;fernandez. Que lujo.!

Aquí las notas del "Soy "con  Bonus Track





Sí, acepto
por Silvina

Las declaro unidas en matrimonio, dijo el Juez. Con la mente en blanco, como queda después de una sesión de terapia de esas que te dejan pasmado, terminé ayer el día. Pero esta vez me descubrí pasada la medianoche brindando en la terraza con ella, haciendo juntas un esfuerzo descomunal para guardar cada detalle de éste. Apenas recuerdo la sucesión de escenas desde que nos despertamos y empezó la carrera por llegar a horario a la ceremonia. Me acuerdo de las primeras palabras de Jazmín.

“Buen día, mami. ¿Hoy es el casamiento? Estoy contenta, me voy a poner la pollerita violeta.” Me acuerdo de estar haciendo el bolso nupcial, que mezclaba DNI de testigos con pañales, vasitos de plástico, rubor y galletitas para emergencias. A media mañana ya había tenido varios ataques de llanto, por lo que tuve que maquillarme como cinco veces.

Cuando llegamos al Civil había cámaras, periodistas, curiosos, amigos exultantes. La fiesta ya había comenzado antes de que llegáramos. Casarse así podría parecer difícil. ¿Pero qué pueden esperar dos mujeres que quisieron un hijo y tuvieron tres y todos juntos? ¿Que quisieron casarse y lo hicieron dos veces? Aunque ésta es la que vale, claro. La cosa sencilla y tranquila definitivamente no es lo nuestro. Bailemos pues, que este baile va a quedar en la memoria como pocas cosas en la vida. Y fue así, extraordinario y embriagador.
El juez estaba más nervioso que nosotras. Si hasta nos recomendó que leyéramos la libreta roja para interiorizarnos de las mejores formas de llevar adelante una pareja con hijos. Tarde, sí, 18 años tarde.

Todavía tengo fresca la conmoción del nudo en la garganta cuando oí las amorosas palabras de Fernanda y de Marta, antes de poner la firma. La sensación más clara que queda es la de las ganas irresistibles de llorar por esa alegría que todavía circula en el living de casa.
Después habló ella, pero no puedo recordar qué dijo. Nos miramos a los ojos y quise besarla antes de que terminara.
Por supuesto que olvidé lo que puntillosamente preparé para decir. Improvisé entre gemidos un “me caso enamorada, te elijo hoy como todos los días desde hace 18 años. Gracias, amor, por haberme permitido formar esta maravillosa, impresionante y multitudinaria familia”. Poco y torpe. No sé qué más. Firmé sí, pero no recuerdo qué firma hice. Me queda la imagen de nuestrxs hijxs sonriendo, la de la libreta en las manitos de Jazmín y después de Abril. La lluvia de arroz que propició Santiago.
Norma y Cachita gritando que no lo sacudamos, que lo guardemos para desparramar por casa, que trae suerte.
Después, el brindis. Lxs nenxs bailando en el escenario. Mi espíritu cursi floreciendo desaforado. El deseo de la noche de bodas, que llegará unos días después.

El sueño que sigue, poder completar la inscripción de nuestros hijos con los dos apellidos. Todavía no se puede, los tuvimos antes de que exista la ley de matrimonio. Ese día también voy a llorar. Sepan disculpar los lectores la humedad del relato. Esta vida intensa requiere de un espacio para vivirla sin ahorrar emociones.


por Andrea
 
En la preferencia de nuestros hijos, dos videos se disputan el primer puesto: uno es el de las aventuras de Mickey y el otro, un compilado de fotos de la Unión Civil de sus madres. Son apenas una treintena de imágenes acompañadas por un tema de Elvis Costello que dura a lo sumo cuatro minutos. Así es como día por medio, demostrando por qué tres miembros ya pueden conformar una organización ilícita, se la rebuscan para agarrar el DVD, buscar el control remoto y poner el video de “mami y mamu” unas módicas tres mil quinientas veces. Se buscan, señalan a toda la familia, a los padrinos, madrinas y amigos mientras bailan al ritmo de la música como tres posesos.

Un mes atrás, cuando ya tuvimos la fecha en el Registro Civil, en el momento de la cena soltamos la información al pasar.

–Dentro de poco, mami y mamu se van a casar –les comento.

¿Y por qué? –dice Santiago.
–Porque nos queremos mucho.

- Entonces yo también me caso con ustedes –replica.

–Gracias hijo, pero dentro de unos años vas a ver que lo interesante no es casarse con tu familia sino con otra gente. Además tenés que ser grande.

–Yo soy grande, ya no uso pañales –dice Abril.

–Mucho más grande tenés que ser para casarte.

–¿Ustedes se casan porque son muy grandes? –pregunta Jazmín.

–No, hijos, nos casamos para poder sacar fotos nuevas y tener otro video, porque éste nos tiene un poco cansadas.

–¡Ah, buenísimo!

Faltan unas cuarenta y ocho horas antes del gran día. Están los tres en sus camas, más los osos de peluche, más nosotras dos que los acompañamos en ese tránsito –no siempre fluido– hacia el descanso nocturno. Por lo general siempre hablamos de lo que vivimos durante el día y de lo que nos gustaría soñar a la noche. Jazmín está a punto de dormirse y soñar con los astros, instante en el cual Abril se pone a cantar “Estrellita dónde estás” a los gritos. Santiago se sobresalta y le dice: “Mirá que si te seguís portando mal, no venís nada al sacamiento”.

Lunes 18 de octubre, noche. El alma me sonríe y arrastra como puede a mi cuerpo ya curtido en capear emociones fuertes. Cumplimos 18 años de estar juntas y apenas unas horas de casadas. Los medios se deleitan con la concordancia de números y el exceso y sincronicidad de nuestra descendencia. Nosotras sonreímos sabiendo íntimamente que el tiempo del que hablan no es el nuestro. Nuestra vida no se registra en calendarios gregorianos, se escapa obstinadamente de las filas de los almanaques, por lo que difícilmente se quede quietecita en las páginas de los diarios y las revistas.

Hora de dormir, cada uno de nuestros hijos lleva su peluche a la cama. Los arropamos y hablamos del día y de lo que nos gustaría soñar. Al igual que sus madres, están felices y exhaustos.

–Hoy no fuimos al jardín –dice Abril.

–No, pero la pasamos bien en el casamiento, ¿no? –pregunta Silvi.

–¡Sí, muy bien! –contestan al unísono.

–Por eso, mañana no vayamos al jardín, ¡y cásense de nuevo!


Silvina y Andrea se casaron el 18 de octubre luego de 18 años de convivencia y 3 hijos.

                              Imagen: fuentes2fernandez

18 sept 2010

Sí, quiero


Ay, nos casamos el 18 de octubre, día en el que además cumplimos 18 años de estar juntas.
Parece que no le escapamos a los nervios de la libreta roja.
Chin, Chin, empezó la cuenta regresiva y otra vez las mariposas se apoderaron de mi panza.