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14 nov 2007

Son tan bonitos .....


No dormir más que una o dos horas a la noche te cambia, no hay dudas. Te cambia, te muda el eje. Te trastoca la manera de medir el tiempo, los días y las horas. Te vira la organización del propio mundo y tantas otras cosas que no soy capaz de describir con tan pocas horas de sueño en sangre. O sea, comer y ducharse por ejemplo pasan a un plano tan poco importante que pueden no aparecer en la grilla de cosas para hacer si o sí. Es raro igual porque cuando uno no duerme el día y la noche se transforman en un sin fin de horas transitadas que están delimitadas por la cantidad de mamaderas que hay que preparar y/o esterilizar… , la cantidad de pañales que cambiar, las vitaminas que darles, la ropita que lavar y los baberos que hay que tener siempre listos. Así estamos… pero a ellos parece que no les molesta, sino todo lo contrario. Están enormes, lindos, rellenitos, dulces, cachetones, divertidos, remolones, comilones, dormilones, demandantes, cariñosos, mimosos, exultantes…. Están descubriendo el mundo del mejor modo posible ; mirándolo de reojo con ojitos soñadores, , degustándolo, sintiéndole el aroma a todo lo que pasa cerca de su naricita, sonriendo con la panza llena , soñando profundo y abrazando a sus mamás cuando tienen ganas. La mayoría de las visitas que recibimos nos dicen claramente sin temor a que nos ofendamos que esperaban encontrarse con dos despojos de nosotras mismas, con dos almas desmejoradas, pero no señores, estamos cansadas pero espléndidas porque nuestros mosqueteros nos hacen brillar cada día haya o no sol. Santi está creciendo a lo ancho, se convirtió en un bebote rellenito con rollitos en todas partes; pasa mucho de su tiempo despierto y haciendo fuerza como el increíble Hulk, es nuestro pequeño elefantito marino, nos hace unas miraditas que nos derriten el alma. Abril tiene una vida interior impresionante es capaz de pasar mucho del tiempo despierta en la cuna o en el bebesit sin chistar, mirando todo a su alrededor, percibiendo el mundo a su modo, haciendo ojitos con las pestañas que le crecen por kilómetros. Y la princesa Jazmín, nuestro pequeño saltamontes, con su mirada profunda nos dice tanto que a veces creemos que es una persona grande en un cuerpo chiquitito. Otra vez los baberos no alcanzan y creo que será así toda la vida. Por eso y por tenerlos tan bien en casa después de tantos meses de lucha afuera, cada día lo vivimos como un milagro, como un obsequio. Y vivir así sospecho que te debe prolongar la vida.